Introducción
-
Estatutos
-
Memoria

ACERCA DE LA FUNDACIÓN
   
Andreu Alfaro  (Escultor)
Rafael Argullol (Catedrático de Estética, Universidad de Barcelona)
Svetlana Alpers (Profesora emérita, Universidad de Berkeley)
Avigdor Arikha (Pintor)
Dore Ashton (Profesora de Historia del Arte, The Cooper Union, Nueva York)
Félix de Azúa (Catedrático de Estética, Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona)
Valeriano Bozal (Catedrático de Historia del Arte, Universidad Complutense de Madrid)
Jonathan Brown (Profesor del Institute of Fine Arts, Universidad de Nueva York)
Julián Gállego (De la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando)
Felipe Vicente Garín Llombart (Director Honorario del Museo del Prado)
José María Luzón Nogué (Ex director del Museo del Prado)
Neil MacGregor (Director de la National Gallery de Londres)
Miklós Mojzer (Director del Szépmuvészeti Muzeum, Budapest)
Philippe de Montebello (Director del Metropolitan Museum of Art, Nueva York)
Annamaria Petrioli Tofani (Directora de la Galleria degli Uffizi, Florencia)
José Manuel Pita Andrade (Director Honorario del Museo del Prado)
Earl A. Powell III (Director de la National Gallery of Art de Washington)
Albert Ráfols-Casamada (Pintor)
Pierre Rosenberg (Director del Musée du Louvre, París)
Robert Rosenblum (Profesor de Historia del Arte, Universidad de New York)
José Saramago (Escritor, Premio Nobel de Literatura)
Fernando Savater (Escritor y filósofo)
Gustavo Torner (Pintor)
Joaquín Yarza (Catedrático de Historia del Arte, Universidad Autónoma de Barcelona)
 



Andreu Alfaro

(Escultor)

“No soy hombre de pluma más bien soy lo que dirían en mi país ‘un xerraire’, un conversador. Hablar o escribir del Museo del Prado siempre fue complicado, me siento como con demasiada responsabilidad.

El Museo del Prado fue para mi desde niño un lugar sagrado, ¿cómo puede uno atreverse a hablar en un espacio donde cada centímetro es testigo único de la historia del arte? Soy todavía como un niño. O más bien recuerdo cuando era niño y visitaba el Museo del Prado, casi de puntillas, observando las obras que me rodeaban e intentando hacer el menor ruido. Seguramente continúo siendo el mismo. Hace unos años tuve que hablar, yo, el niño de tantos años, sentarme y dirigir unas palabras al público que vino a escucharme.

Realmente estaba emocionado, no parecía creer lo que estaba pasando y todo era gracias a la Fundación de Amigos del Museo del Prado que me invitó para la ocasión. Perdonen que les haya relatado esta pequeña anécdota personal, pero quería contarles algo que pudiera expresar lo que yo siento o lo que yo he sentido siempre cuando he tenido la suerte de ser invitado a entrar en este maravilloso espacio del Museo del Prado, para mí siempre será lo mismo, volveré a empequeñecer, a admirar y a sentir, y ahora gracias a la Fundación de Amigos del Museo del Prado los artistas actuales hemos vuelto a ser considerados como parte de esta historia. No aparte, sino como parte. Gracias.”
 


    

Rafael Argullol
(Catedrático de Estética, Universidad de Barcelona)

“Ya en mi primer contacto con la Fundación Amigos el Museo del Prado tuve la sensación de hallarme en un territorio único en el que convergían amistad, arte y hospitalidad. No sé si estas energías pueden contagiarse a otros territorios de lo que llamamos ‘nuestra cultura’. Sería de desear. Mientras tanto, la existencia de esta isla hospitalaria nos consuela y nos ilusiona. Por eso, los amigos de los Amigos, entre los que me encuentro, celebramos el Aniversario y brindamos por la continuidad de su tarea.”
  


   

Svetlana Alpers 
(Profesora emérita, Universidad de Berkeley)

“Tuve la suerte de ser uno de los profesores invitados a participar en el curso organizado con motivo de la conmemoración del IV Centenario del nacimiento de Velázquez. Me pidieron que eligiera un cuadro sobre el que quisiese escribir. Durante años, tenía puesta mi mirada en la obra conocida como Las hilanderas . ¡Ahora tenía mi oportunidad! ¡De pronto, la pintura era mía!

El personal del la Fundación me ayudó en todos los sentidos: me buscaron los libros necesarios para mi trabajo; me recibieron en Madrid cuando vine a estudiar la obra; me posibilitaron encuentros con los conservadores del Prado, acceder a los almacenes, así como visitar la Real Fábrica de Tapices. Fue de gran interés, finalmente, el poder dar la conferencia en dos lugares tan diferentes. Primero, en el Museo del Prado, con Las hilanderas , obra expuesta justo al lado.

Posteriormente, en Bilbao, donde quedé sorprendida, no sólo por el Museo Guggenheim, nuevo y famoso, sino también por el antiguo y maravilloso Museo de Bellas Artes, y por la animada ciudad enmarcada entre altas y verdes laderas. Gracias a los esfuerzos de la Fundación, la experiencia de trabajar en ‘mi’ cuadro fue enriquecedora y deliciosa desde el principio hasta el fin.”
  


   

Avigdor Arikha
(Pintor)

“Desde mi más temprana edad he soñado con ir al Prado, pero su recorrido no pude llevarlo a cabo por la falta de tiempo y vicisitudes de la historia. Al no poder realizarlo, mantenía este sueño con las reproducciones de pinturas de los museos españoles, desde el maestro de Tahull hasta el Greco, Velázquez o Goya, que escrutaba ávidamente, no pudiendo extraer de un cuadro más que su imagen, debido a la infidelidad inherente de la reproducción mecánica del original.

Fue en 1960, todavía en mi período abstracto, es decir de pintura nacida de la pintura, cuando por fin llegué a España. Fui tras el Greco (en Toledo, El entierro del conde de Orgaz, todavía iluminado por luz natural), he vuelto a París cautivado por Velázquez. En el Prado el cuadro de Las meninas estaba colgado, solo, en una pequeña sala iluminada lateralmente con luz natural, enfrente un espejo reconstruía la ‘vista real’, según documenta Carl Justi. Delante del cuadro hay un pequeño banco de madera. La pequeña sala, de hecho, no podía albergar más que a unas cuantas personas de pie. Pasé siete días en el Prado, desde la apertura del Museo hasta su cierre a las 17:30 horas, la mayor parte del tiempo sentado en ese banco en frente del cuadro.

De vez en cuando era interrumpido por la llegada de grupos que miraban sobre todo el espejo y se marchaban rápidamente, pero raramente por personas solas que lo contemplaban con detenimiento. La lección que saqué en aquel momento de esta pintura sin igual, fue que su magnitud era debida a la conjunción de la espontaneidad con el rigor formal, en ella su invención cromática se obtiene por el efecto resultante de la yuxtaposición de colores. Por ejemplo, los lazos rojos de la Infanta están pintados en ocre rojo, pero parecen rojo vivo por efecto de su yuxtaposición de gris y medio tono rosa de las mejillas de la princesa en blanco plomo y bermellón (pero estos efectos son anulados con la luz eléctrica).

Todas las salas del Prado estaban bien iluminadas y sus obras se contemplaban adecuadamente. También fuera del Museo, en las calles del Madrid de 1960, a pesar del comienzo de la primavera, el invierno y las tinieblas parecían todavía marcar las caras de los viandantes. Veinticinco años después, en 1985, volví a Madrid para realizar un corto sobre Las meninas. Esta vez, la primavera lucía en las caras de los paseantes, a pesar del otoño.

España comenzó a mejorar, el cuadro de Las meninas ya no estaba en su pequeña sala con su perfecta iluminación natural, estaba rabiosamente iluminada por proyectores que atenuaban sus sutilezas cromáticas. Felizmente esto se ha subsanado posteriormente. He vuelto, no pocas veces, encantado con las personas de la Fundación Amigos del Museo del Prado y cada vez más impresionado por la dimensión cualitativa del resurgimiento español.”
 


    

Dore Ashton
(Profesora de Historia del Arte, The Cooper Union, Nueva York)

“A pesar de mi larga experiencia como escritora y conferenciante, me sentí algo abrumada ante la idea de hablar en presencia de Velázquez, Goya y Van der Weyden. Lo consideré un excepcional honor. Cuando descubrí a los Amigos y su valioso personal, me encontré con un programa general que era a la vez original e inspirador.

La presencia activa de uno de los historiadores y críticos de arte más distinguidos de Europa, Francisco Calvo Serraller, a quien siempre he admirado, supuso un especial aliciente para mí. Él y otras personas profundamente comprometidas en crear un programa rotundo confieren a las actividades de los Amigos la dignidad que han alcanzado a lo largo de todos estos años.

Muchos museos del mundo han creado programas para sus amigos. Normalmente son gestionados con una prioridad hacia las ventajas económicas y sociales. Pero la Fundación Amigos del Museo del Prado nunca ha sido ni frívola ni un mero accesorio lucrativo. Por el contrario, ha dado peso a la erudición y a las posibilidades creativas implícitas en la gran colección. En esto es única, y me siento agradecida de estar asociada a estas actividades.”
  


   

Félix de Azúa
(Catedrático de Estética, Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona)

“Los ciclos de conferencias de la Fundación suman a su interés intrínseco el añadido del lugar. Debo confesar que el conferenciante se ve apretado por la proximidad de los habitantes de la casa. No es fácil disputar con desparpajo en la vecindad de Velázquez, Tiziano o Goya. Se trata de un ámbito vivo, no de un cementerio, pues de los maestros es el privilegio de la vida perdurable, de modo que allí están, sin la menor duda, oyendo lo que sobre ellos se dice.

O por lo menos así imaginaba yo un cuento sobre un conferenciante cuya mirada se cruza, en la penumbra, con la de alguien muy parecido a Goya. Aquella fiera mirada hundía su conferencia. Pero no lo escribí, porque ya lo había escrito Juan Benet. Presenté un informe sobre perros y gatos. Pero gatos y perros traídos al mundo por Tiziano.

Y a pesar de tener el fantasma del cuento en la cabeza, la atmósfera del acto fue tan acogedora y afable, que pude concluir sin excesivo tartamudeo. Claro que la mirada de Tiziano es mucho más benévola que la de Goya. Por lo menos ese día lo era.”
  


   

Valeriano Bozal
(Catedrático de Historia del Arte, Universidad Complutense de Madrid)

“En las diferentes actividades realizadas por la Fundación Amigos del Museo del Prado, me parece necesario destacar el rigor. Rigor con el que se ha planteado el análisis de la pintura española, pero también rigor con el que se ha huido del localismo y se ha procurado extender el marco internacional en el que el arte español ha sido, y es, estudiado. Participar en sus actividades es, por ello, un ‘honor Científico’, que va más allá de los papeles sociales frecuentemente atribuidos a este tipo de instituciones.”
      


    

Jonathan Brown
(Profesor del Institute of Fine Arts, Universidad de Nueva York)

“Como cualquiera que haya observado la evolución de los Amigos del Museo del Prado desde una posición privilegiada fuera de España, estoy impresionado por el rango y calidad de sus programas y actividades, que no son superadas por ninguna otra asociación de amigos de museos de Europa o América. Sin embargo, no es éste el lugar, ni soy yo la persona más indicada, para contar la historia de esta extraordinaria organización. Más bien, me gustaría limitar mis comentarios al programa en el cual he participado (los ciclos de conferencias).

Hoy en día, los ciclos son aceptados como una rutina más que forma parte de la vida del Prado, y los Amigos han conseguido la participación de los mejores especialistas no sólo de España, sino también del extranjero. No obstante, como cualquiera que posea una extensa memoria del Prado, mi primera visita fue en 1958, puedo testificar de hecho que las conferencias de eruditos extranjeros eran prácticamente inexistentes hasta que los Amigos empezaron a invitarnos regularmente. Extendiendo una amplia red, los Amigos han introducido nuevos puntos de vista en los discursos de Historia del Arte en España.

Los conferenciantes participantes han sido igualmente beneficiarios de las invitaciones. Algunos nunca habían visitado en el Prado, o no habían cruzado sus puertas en muchos años. Cuando regresaron a casa, llenos de admiración por las colecciones del Museo, se convirtieron en influyentes embajadores de buenos deseos para el Museo.
Y, finalmente, a todos nosotros nos ha conmovido la generosa hospitalidad e infinita amabilidad de los Amigos con quienes hemos tenido contacto. En 1999 participé en el ciclo de Velázquez, seguido unas pocas semanas más tarde por el gran historiador de arte inglés, ya fallecido, Francis Haskell, en el periplo Madrid, Bilbao y La Coruña. El comentario sobre su experiencia en España no puede superarse: ‘Send The Armada back’ (¡Que vuelva la armada!).”
  


   

Julián Gállego  
(De la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando)

“El Museo del Prado se ha visto engrandecido por el apoyo de una institución que ha sabido acercar a miles de personas, gracias al empeño por su cuidado y difusión, uno de nuestros más importantes legados. En este sentido, he tenido la fortuna de disfrutar en numerosas ocasiones de colaborar con la Fundación y, tanto por parte de su Patronato como de las personas que llevan a cabo la labor diaria en su Secretaría, he recibido el apoyo y oportunidad de mostrar mi trabajo de investigador, siendo así posible que mi intento de desvelar las incógnitas de las distintas piezas, no quedase sólo en mi mente, sino que llegasen a todos aquellos interesados en el Arte. Por todo ello quiero agradecer a la Fundación el esfuerzo, felicitarles por todos esto años su quehacer incansable, así como animarles a continuar con su cometido, siempre de altísima calidad. Veinte años de historia son la recompensa a sus afanes, así como un llamamiento a la sociedad de participar activamente en una iniciativa, que si fue pionera en sus inicios se ha convertido en indispensable en nuestros días.” 
     

 
   

Felipe Vicente Garín Llombart
(Director Honorario del Museo del Prado)

“La Fundación Amigos del Museo del Prado, a la que me honro en pertenecer desde sus inicios, y con la que he tenido la fortuna de colaborar íntimamente en un singular período de mi vida profesional, ha cumplido, y sigue haciéndolo, un papel fundamental en la aproximación del Museo a la llamada Sociedad Civil, ya que si bien es cierto que el Prado, por su historia, sus colecciones y su numeroso público visitante parecería estar al margen de esa necesidad, en la práctica no es así, ya que requiere también como cualquier otro museo, si no más, el cariño de sus Amigos, permanentes, muchas veces anónimos y siempre discretos, que con sus acciones de divulgación cuando no de ayuda esencial en la mejora de sus colecciones, dan el sentido humano, directo y vivo de una institución emblemática que quiere como la que más, el apoyo de sus Amigos, siempre dispuestos a ello.”
          


   

José María Luzón Nogué
(Ex director del Museo del Prado)

“Ahora que se cumplen veinte años de actividad de la Fundación Amigos del Museo del Prado, deseo recordar el constante apoyo que ha prestado siempre al Museo, a propósito de uno de los momentos más felices de mi gestión como director. Se aspiraba desde hacía bastantes años traer a Madrid el retrato de Velázquez del Papa Inocencio X. Era un cuadro que nunca había salido de Roma y los amantes del arte querían verlo, contemplarlo y estudiarlo en el Museo en que se guarda la mayor parte de la obra de este artista. Surgió inesperadamente la ocasión, pero fue necesario hacer gestiones personales que no estaban al alcance del director ni los técnicos del Centro. La ayuda imprescindible para traer esta obra magistral a Madrid vino del Presidente de la Fundación Amigos del Museo del Prado. Hoy, cuando ha pasado ya bastante tiempo, es justo que se haga constar aquella decisiva participación. Espero que me disculpe el Excmo. Sr. Duque de Soria la indiscreción de revelar parcialmente su eficaz ayuda. La posibilidad de ver este cuadro en Madrid fue una de las mayores satisfacciones que tuvieron quienes visitaron aquellos días el Museo del Prado. Se trató una vez más del apoyo que el Museo encuentra siempre en sus Amigos.”
         


    

Neil MacGregor
(Director de la National Gallery de Londres)

“En 1994 fui invitado por la Fundación Amigos del Museo del Prado a tomar parte en una serie de conferencias sobre los grandes museos del mundo. Mi aportación se basó en la National Gallery y fui tratado con la mayor amabilidad y calidez. Todo museo necesita amigos, gente dedicada que se preocupe por él y lo ayude en su proceso. Hoy, como las mayores necesidades se encuentran en los museos, ya que sus múltiples actividades y desarrollos en tecnología y multimedia presentan nuevas oportunidades, precisan amigos más que nunca. Creo que la Fundación ofrece la mejor clase de amistad que puede necesitar un museo: apoyo moral y financiero, y asistencia en el mantenimiento de la colección como foco central de sus actividades.

¡Y qué colección tiene el Prado! Es importante encontrar soluciones para hacer que se conozcan mejor los cuadros, para insistir en que son parte de un patrimonio que pertenece a todos, para hacer ampliamente accesible la investigación de especialistas, conservadores, restauradores; en otras palabras, hacer que la gente se sienta comprometida con la colección y con el Museo que la alberga.

Estoy admirado por los diversos cursos, conferencias, publicaciones y proyectos que la Fundación organiza y promueve, al igual que por las especiales garantías que ofrece para el estudio de su colección.
Estoy también impresionado por la extensa red internacional de vínculos que la Fundación ha establecido tan rápidamente. Por un lado, trae especialistas a Madrid y, por otro, hace que las actividades del Prado se conozcan mejor en el extranjero. Me agradó mucho, por ejemplo, poder visitar el departamento de conservación y conocer los planes de restauración de los Tizianos del Prado.

Para la publicación que la Fundación produjo de la serie de conferencias ‘Los grandes museos históricos’, escogí ser fotografiado junto al Retrato de María Tudor de Antonio Moro. Como retrato de la reina de Inglaterra, que también lo era de España, pintada por un holandés, el retrato muestra cómo la pintura supera los límites geográficos y del lenguaje, y cómo una de las más poderosas e inquietantes imágenes del siglo XVI, demuestra cómo las pinturas pueden hablar a través del tiempo. En colecciones como las del Prado y las de la National Gallery, este punto puede alcanzarse una y otra vez.
Mis mejores deseos.”
   


   

Miklós Mojzer
(Director del Szépmüvészeti Muzeum, Budapest)

“Me gustaría enviar mis más cálidas felicitaciones a los Amigos del Museo del Prado en el 20 Aniversario de su fundación.
Permítanme contemplar a los Amigos del Museo como a una joven dama —que es con justicia lo que hago— y considerar la festividad de hoy como la más cautivadora y encantadora. ¡Les deseo muchas felicidades en este día!

Ciertamente, un círculo o asociación está siempre orgulloso de sus años ¡que juró fidelidad a su novia —el Museo— hace veinte años! En realidad los Amigos pueden rememorar en su pasado activo el trabajo de larga reconstrucción del edificio y las colecciones, así como de su siempre creciente organización de exposiciones y actividades de relaciones públicas. ¡Hasta ahora han tenido un considerable pasado! ¡Queridos colegas de eternos veinte años, vestidos a la manera de elegantes damas, aceptad por favor mis mejores deseos!”
   


   

Philippe de Montebello
(Director del Metropolitan Museum of Art, Nueva York)

“Durante más de una década, el Metropolitan y el Museo del Prado han disfrutado de una cercana y fructífera relación que ha enriquecido a dichas instituciones de innumerables formas. Como resultado de estos lazos, ambos Museos han organizado varias exposiciones sobre los grandes pintores españoles —Zurbarán (1987), Velázquez (1989), Goya (1989) y Ribera (1992)—, de gran éxito tanto en Nueva York como en Madrid. El mismo espíritu de cooperación permitió crear, en 1987, un programa de intercambio destinado a la conservación de obras de arte, aún en curso, cuyo resultado es ya visible en la preservación de importantes piezas para la posteridad, así como en la formación de conservadores de los dos países. El Metropolitan está muy orgulloso de la larga y rica relación con el Museo del Prado, y con ocasión del 20 Aniversario de la Fundación Amigos del Museo del Prado, queremos felicitarles sinceramente, deseando que sigan desarrollando su gran labor en el nuevo milenio.”
      


   

Annamaria Petrioli Tofani
(Directora de la Galleria degli Uffizi, Florencia)

“La Fundación Amigos del Museo del Prado constituye un caso verdaderamente ejemplar de apoyo social, efectivo y eficiente, al desarrollo y difusión de la cultura. Por ello, siempre he estado particularmente agradecida cuando me han invitado a participar en sus actividades. Especialmente recuerdo la ocasión en que solicitaron mi participación en un proyecto que quería mostrar, a sus socios y al público interesado, la situación de los principales museos de antigua creación. Teniendo en cuenta mi propia experiencia, aporté un testimonio de una realidad como la de la Galleria degli Uffizi, por cierto, casi análoga, pero por otro lado tan diferente, a la del museo madrileño.

El programa, muy bien pensado y con un argumento de notable interés, y gran éxito de público, contribuyó oportunamente no sólo a hacer comprender la naturaleza e importancia de la institución museística en general, sino, también, a poner de manifiesto, al comparar los distintos centros, de carácter específico, la personalidad del propio Museo del Prado.
Por todo ello, la Fundación Amigos del Museo del Prado aporta a éste último, los beneficios directos resultantes de su creciente importancia y, al mismo tiempo, supone un respaldo del Museo y vía de contacto y conocimiento de la experiencia y actividad de otras instituciones. Se constituye, por tanto, en una fuente útil y fecunda de ideas y apoyo.”
  


   

José Manuel Pita Andrade
(Director Honorario del Museo del Prado)

“Al cumplir dos décadas de vida la Fundación Amigos del Museo del Prado, resulta saludable y eficaz contemplar el camino recorrido. Muchos tienen que sentirse más que gratamente sorprendidos ante la ingente y admirable obra realizada en diversos campos. Por mi parte, siento el deseo de volver la mirada a los años en que se gestó la idea; porque surgió en la etapa en que estuve al frente del Museo: llegué a él en marzo de 1978 y presenté mi dimisión en octubre de 1981. La Fundación quedó establecida en diciembre de 1980 y su reconocimiento en el Boletín Oficial del Estado tuvo lugar en junio de 1981. Quiero anotar estas fechas para evocar, muy brevemente, algunos recuerdos que se inscriben en aquella etapa y en el primer lustro de los ochenta.

Se relacionan, sobre todo, con encuentros previos habidos entre quienes estaban dando los pasos para crear la Fundación y el propio Museo. Debo apuntar que en el seno del Patronato que entonces existía, dotado, por cierto, de mínimas competencias, hubo, de un lado, la mejor y más favorable acogida del proyecto; pero también sin que constase en acta, se manifestaron temores sobre su viabilidad. Algunas personas que amaban apasionadamente al Prado temían la presencia de Amigos que se sirvieran de él en vez de servirlo. Preocupaba mucho cómo deberían quedar establecidas las relaciones entre ambas instituciones. Fuera de España (sobre todo en Estados Unidos) existían amplios y fecundos precedentes; en cambio, entre nosotros, resultaban mucho más escasos. Tras algunas reuniones que tuve con quienes llevaban adelante la idea, presentí que merecía el más amplio voto de confianza; y así se lo hice ver, con entusiasmo, a los más reticentes. Creo que los recelos, cada vez más débiles, se desvanecieron enseguida. Pero ni los más optimistas podrían prever que el proyecto tendría tan fecundo desarrollo.

Como punto de partida deben anotarse dos grandes aciertos. La Fundación (en un principio se barajó la idea de una asociación) supo estructurarse dentro de unos sólidos principios. Y para prestigiarse desde el primer instante puso al frente de ella a un presidente de excepción, a don Enrique Lafuente Ferrari. De él conservo muchas y excelentes memorias; tuve la fortuna de que me llamase para colaborar en una ambiciosa obra sobre El Greco, con un texto suyo y un apéndice mío que vieron la luz en Italia en 1969. Desde antes de esta fecha, nuestros encuentros fueron poco frecuentes. Y puedo asegurar que un tema recurrente de nuestras conversaciones fue el Museo; pocas personas he conocido con tan profundos y firmes conocimientos no sólo de sus colecciones, sino sobre su funcionamiento. Sus críticas siempre estaban sólidamente fundamentadas.

Le preocupaba la vitalidad que debía tener, su proyección cara al público. No debe olvidarse que se había iniciado como historiador del arte (antes había realizado escarceos en otros campos) redactando un magnífico catálogo de la memorable exposición organizada por el Prado, en 1928, para conmemorar el primer centenario de la muerte de Goya. Durante los cinco años en que don Enrique presidió la Fundación me habló con frecuencia de ella en los mejores términos. Colmaba uno de los grandes vacíos del Museo, vigorizando el acercamiento hacia él de gentes sensibles a su pasado y a su presente. Pienso que fue el más grato cargo (no carga) que tuvo en el último lustro de su vida. La primera exposición organizada por los Amigos, dedicada a Goya en las colecciones madrileñas, tuvo que recordarle su “bautismo” con la obra del genial aragonés cincuenta y cinco años antes. Don Enrique la rememoraría con emoción; entonces se exhibieron numerosos cuadros que reaparecieron en 1983. Otro gran motivo de gozo fue la donación, hecha a través de los Amigos, del bellísimo cuadro de Rosales, Retrato de la condesa de Santovenia, cuyos valores supo expresar magistralmente.
La brillante trayectoria seguida por la Fundación me ha llevado a enaltecer el empeño puesto por quienes intervinieron en su gestación y a recordar a su primer presidente, por el prestigio que le dio. Después de la etapa de Lafuente, que llena la cuarta parte de los‘20 años de historia’ que ahora se celebran, las actividades de los Amigos crecieron sin pausa, proyectándose en diversas direcciones y con mayor amplitud cada día. Pero creo que la brillante realidad de hogaño se debe, en buena parte, a las sólidas raíces que supo tender antaño.”
   


   

Earl A. Powell III
(Director de la National Gallery of Art de Washington)

“En la primavera de 1995 tuve el placer y el honor de ser invitado por la Fundación para ofrecer una conferencia en el Museo del Prado, ocasión que me brindó la oportunidad de asistir a otros actos culturales en Madrid.

Siempre es maravilloso visitar el Prado, una de las mejores instituciones del mundo, y fue un placer especial el poder hablar sobre la National Gallery a la audiencia del curso. Asimismo, esta oportunidad me brindó la posibilidad de visitar a mis compañeros españoles.
La National Gallery y la Pinacoteca madrileña han mantenido una larga relación, ya fuera con la concesión de préstamos, como en la organización de exposiciones conjuntas. Esperamos que continúe en el futuro.

Para terminar, deseo a la Fundación Amigos del Museo del Prado todo lo mejor en este significativo 20 Aniversario.”
  


    

Albert Ráfols-Casamada
(Pintor)

“Debo agradecer a la Fundación Amigos del Museo del Prado el haberme invitado a participar en la exposición ‘El Museo del Prado visto por 12 artistas contemporáneos’, evento que me permitió dar un paseo a fondo por los paisajes, ricos de sugestiones, de este Museo. Fue un recorrido por los paisajes que aparecen en los fondos de tantas pinturas, es decir, el lugar donde dichas pinturas se desarrollan, el espacio donde ocurre la acción.

Este deambular resultó ser extraordinariamente estimulante, lleno de una poesía crepuscular intensa, poesía de últimos términos, de lejanía. Últimos términos muchas veces vistos sin ser mirados. Esta vez cobraron un protagonismo que, seguramente, hasta entonces no habían tenido para mí: también los había visto sin mirarlos.
Este paseo arrancó —y en cierto modo culminó— en los Velázquez de la Villa Médicis, las dos maravillosas pinturas de pequeño formato, pero de una riqueza pictórica extraordinaria.

Pinturas que se anticipan a lo que será más tarde la pintura a pleno aire, donde se respira la luz y las hojas de los árboles se mueven al paso de la brisa. Y fue a partir de estas pinturas cuando realicé los grabados que figuraron en la exposición que tuvo lugar, hace diez años, en el propio Museo.

Creo que se trató de una iniciativa de grandísimo interés, que recuerdo como un hito importante dentro de mi trabajo. En su momento, se complementó con conferencias de los propios artistas sobre el tema escogido y la publicación de un excelente libro, prologado por Francisco Calvo Serraller, quien estuvo en el origen de la idea.
Mi contacto con los Amigos del Museo de Prado, y en especial con su Presidente don Carlos Zurita, Duque de Soria, ha sido siempre amistoso y estimulante. Gracias a su iniciativa realicé este largo paseo que culminó —¿cómo podía ser de otro modo?— en Velázquez. Paseo que fue uno más, pero especialmente destacado, de los incontables recorridos realizados por el Museo a lo largo de los años.”
   


    

Pierre Rosenberg
(Director del Musée du Louvre, París)

“Tener amigos es una bendición de la existencia; contar con su confianza, una suerte. Para un director de museo, poder contar con 70.000 Amigos no es solamente una fortuna (hay que interpretar esta palabra en sus diversas acepciones), sino una necesidad. Recuerdo que los Amigos del Louvre se fijaron un objetivo único, esencial y vital: enriquecer las colecciones del Museo. Son nuestros verdaderos amigos, sufren, critican al Museo, a menudo con razón, saben defenderlo con fuerza y energía, y lo admiran porque es ‘su Museo’. Lo quisieran perfecto, como desearían que fuesen sus hijos, quienes les empujan y a quienes aman.”
        


   

Robert Rosenblum
(Profesor de Historia del Arte, Universidad de New York)

“El Prado, tanto por su panteón de obras maestras como por su comodidad para disfrutarlas, siempre había sido mi museo preferido de pintura antigua. Sin embargo, nunca había soñado tener con él una relación distinta de la del visitante anónimo. Imaginen, entonces, cuál fue mi sorpresa cuando en 1993 la Fundación Amigos del Museo del Prado me invitó a pronunciar una conferencia, el siguiente enero, en un curso sobre ‘El retrato en el Museo del Prado’.

Los retratos de Goya siempre me habían fascinado, aunque mi conocimiento sobre ellos fuera reducido, especialmente en comparación con los investigadores en España. Sabía mucho más sobre los retratos de David, por lo que decidí compensar este desequilibrio de conocimiento comparando a estos dos maestros, cuyas vidas y relaciones con la política y el patronazgo se complementaban de una manera asombrosa.

Dos años después me volvieron a invitar, esta vez para hablar sobre fragmentos y detalles de obras maestras. En este terreno me sentía más seguro. El Guernica, que siempre sentí que Picasso habría soñado colgar junto a El Tres de Mayo de 1808, era una opción obvia para mí, ya que nunca había dejado de especular sobre este cuadro inagotable. Y de nuevo la Fundación me dio la oportunidad de ahondar en una conferencia muchas ideas que nunca había planteado, especialmente aquéllas relacionadas con la imaginería emblemática del roble sagrado situado frente a la fachada sedimentada del edificio del parlamento en la ciudad de Guernica.

Y ahora, mientras escribo este texto, espero gratamente volver de nuevo al Prado a aprender. Esta vez he sido invitado al curso de Goya, sobre quien sé ahora mucho más, gracias a mi primera conferencia en la Fundación. Hablaré sobre las naturalezas muertas del maestro, que siempre me han intrigado por su relación con Picasso, pero sobre las que ahora pensaré en el contexto del propio mundo de Goya. De hecho, he comenzado a sentir que la Fundación es mi profesor y yo su alumno. Les ofrezco mi inmensa gratitud por ayudarme a proseguir con mi formación en los misterios de las obras maestras.”
   


   

José Saramago
(Escritor, Premio Nobel de Literatura)

“Una vez oí decir que Rafael Alberti tenía un sueño que no llegó a ver cumplido: que un cuadro suyo durmiera, aunque fuera una noche, en el Museo del Prado. Alberti murió sin haber sentido ese estremecimiento que yo sí he vivido en mi tiempo de hombre maduro y, sin embargo, ilusionado. Lo voy a contar.

Ocurrió hace ya unos años. Vivía en Lisboa y de Madrid sabía menos de lo que hoy voy sabiendo. Conocía la Plaza Mayor, la Puerta del Sol, algunos teatros, y... el Museo del Prado. Todos los caminos de Madrid acababan en el Museo del Prado, todos los viajes que hice a la capital de España tuvieron esa lógica parada. Quizá en la Biblioteca Nacional también se halle el corazón de una cultura, pero en esos días de turista o escritor primerizo, mi Biblia y mi Quijote, mi abecedario universal y mi sombra se encontraban en las distintas salas del Prado, en unas más que en otras, porque los cuadros que deslumbran van cambiando con el paso de la luz y la experiencia que uno es capaz de retener. Iba, pues, al Prado, trazaba un itinerario preciso y, mezclado con mil turistas, alzaba la cabeza para ver mientras procuraba ausentarme del alboroto de alrededor. Así, vez a vez, nos íbamos entendiendo y así pudimos construir una amistad, el Museo y yo, que si no fue demasiado íntima, al menos sí era sólida. Tanto que un día recibí en mi casa una carta suya. En realidad no la firmaba el Museo, sino la Fundación Amigos del Museo del Prado, cuya existencia ignoraba, pobre de mí, pero ellos debían tener fichados a todos los devotos, si no, que alguien me explique el misterio de la carta que recibí proponiéndome que diera una conferencia en el mismísimo Museo y sobre un pintor que amara.
Han pasado los años y ahora puedo confesarlo: me temblaban las manos. El Museo del Prado llegó hasta mi casa con una invitación, pocos meses después hablaría en el corazón del mundo, yo, que nací en Azinhaga y estaba destinado a un oficio que no me permitiría conocer en el arte otras manifestaciones que las muy nobles de la artesanía popular... Me recompuse, escribí diciendo ‘Sí señor, allí estaré’, di las gracias tratando de mantener el tipo y me puse a pensar la conferencia.

De entre todos, elegí a Mantegna sabiendo lo que hacía. Titulé la conferencia ‘Mantegna: una ética, una estética’. Describir ciertos pormenores de su vida, pero sobre todo intenté explicar un comportamiento, aquél que la pintura nos muestra. Todo es biografía, escribí hace mucho. Mantegna se nos quedó en su obra magnífica, el conferenciante descubrió algunas de sus preocupaciones según iba escribiendo el texto que un lunes debería leer en el Museo del Prado.
La mañana del día señalado fui al Museo. Se trataba de ver la sala y organizar las diapositivas que se irían mostrando durante la conferencia. He dicho que era lunes, luego el Museo estaba cerrado para el público. Y ocurrió: ‘¿Quiere dar una vuelta por el Museo?’, dijo un ángel con cara de mujer que acababa de escaparse de un Rafael. ‘Quiero’, debí de responder, porque instantes después allí estaba, solo como un recién nacido, con el mundo entero a mi disposición, ofrecido, luminoso, mío. Fui de sala en sala. Busqué un rostro, un caballo, un perro. Me detuve ante el color de una pincelada, ante la armonía de una tela, ante los ojos severos de un maestro. Dioses y vírgenes entraron en mi corazón como si yo fuera creyente y en el momento de una experiencia mística. Venus y musas revolotearon en mis ojos y alegraron mis entrañas. Majas hermosas, familias reales, gritos desesperados, compasión, destreza, habilidad, arte: todo me fue dado en aquella mañana del Prado, singular y definitiva, en la que sentí como el creador sintió cuando se dio la primera vuelta por el universo.

Por la tarde, cuando hablé de Mantegna, los cuadros estaban en su sitio y las expresiones de quienes los habitan habían vuelto a ser el reflejo de sus pintores. Los Amigos del Museo del Prado pusieron sobre el suelo el entusiasmo que les anima y les lleva a definirse de esa manera cordial. Mantegna cumplió su vida y dio, como no, para la conferencia de un autor que se presentaba con poco bagaje, a no ser por una novela sobre un pintor mediocre, algunas visitas al Museo, mucha curiosidad y la emoción de la mañana.

Puedo decir que he sentido el estremecimiento que a Rafael Alberti le faltó en su vida de hombre. Un día tuve el privilegio de habitar el Museo del Prado. Ocurrió aquella mañana que fui único en el mundo.”
   


   

Fernando Savater
(Escritor y filósofo)

“Considero al Museo del Prado el depósito de arte y memoria más valioso que tenemos en España. Se trata de uno de esos espacios casi mágicos en que se revela privilegiadamente lo más noble y creador del espíritu humano.

Me parece que las personas con cierta sensibilidad y cultura tienen que considerarse amigos de esta Institución, que, como todas, requiere cuidados y atención.
A lo largo de estos últimos años, los Amigos del Museo del Prado han representado ese apoyo de la sociedad a su Museo más distinguido, y han ejemplarizado la responsabilidad que todos los españoles sentimos por nuestra primera Pinacoteca.”
    


   

Gustavo Torner
(Pintor De la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando)

“En 1980 tuve la suerte y el honor de ser una de las 300 personas que firmaron el Acta de creación de la Fundación Amigos del Museo del Prado. Desde entonces, y siempre dispuesto a colaborar con esta Institución, he visto cómo ha crecido y se ha asentado en el panorama cultural español.

Si lo que impulsó mi firma hace veinte años, fue el apoyar al Museo del Prado, consciente de su necesidad de mejora, ahora puedo manifestar mi gran satisfacción de ver cómo la Fundación ha logrado, año tras año, aportar su trabajo para la consecución de este compromiso. Los grandes logros (donaciones, exposiciones, ciclos de conferencias, gabinete didáctico, etc.) son el reflejo del espíritu altruista y de la ilusión que, encauzados por el Patronato y su Secretaría General, aportamos todos los que somos y nos sentimos Amigos del Museo del Prado. Por todo ello, mi más sincera enhorabuena.

Mi único deseo, en esta fecha tan significativa, sería que, aunque ya somos más de 4.000, cada vez se unan más personas a tan necesaria y loable iniciativa.”
  


   

Joaquín Yarza
(Catedrático de Historia del Arte, Universidad Autónoma de Barcelona)

“No siempre las sociedades de Amigos de los Museos cumplen con lo que deben ser sus misiones. No es raro ver, como algunas tan sólo, o poco más, se dedican a organizar viajes en beneficio de sus socios. Creo que deberían verse en el espejo de los Amigos del Museo del Prado, por lo que tiene de ejemplar. La colaboración con el Museo es constante, traducida en un ciclo de conferencias, visitas al propio Museo, publicación de guías accesibles a un público amplio, edición de los ciclos de conferencias, etc.

La ayuda, en especial, se concreta en adquisición y donación de obras de alta calidad que enriquecen las colecciones del Prado.

Además, y no es lo último, quienes hemos tenido la oportunidad de colaborar con ellos, hemos visto que todo esto se hace siempre, con discreción, sin ostentaciones. Del exquisito trato directo, uno saca la impresión de que ha sido más útil al Museo de lo que corresponde
a la realidad. Y esto también es impagable.”
   

    

(c) 2003 Fundación Amigos del Museo del Prado
Todos los derechos reservados - Resolución recomendada 800x600
Desarrollado por Grupo Intermark